sábado, 24 de septiembre de 2016

El viaje de Rutanel - Parte 4

Rutanel:
No me lo pensé dos veces, solo corrí lo más rápido que pude hacia ella, ambos puños listos para un buen golpe.

Zafenis:
-Je, ¿Es en serio? ¿Lo mejor que se te ocurre es cargar contra mí? Tú lo pediste.

Rutanel:
No sé qué quiso decir ella con eso. Poco me importó, solo quería propinarle el mejor golpe de la vida… hasta que desenfundó su espada y… ¡Esta brilló!
Dio un giro muy rápido y lanzó una tajada al suelo, el cual comenzó a partirse directamente hacia mí.

La grieta solo… de detuvo ahí enfrente de mí. Dejé de correr solo para fijarme que rayos acababa de pasar. Luego… sentí una vibración, como un pequeño temblor. Mire a Zafenis y ella me sonrió malévolamente.

No sé qué fue lo que me golpeo en ese momento, de esa grieta solo salió como un destello… y al momento siguiente estaba en el suelo con el peor dolor de cabeza del mundo.

Zafenis:
-Tengo que admitirlo, es la primera vez que veo que alguien solo corre hacia mí sin siquiera un arma. Eres valiente, pero una idiota. Ahora que tengo tu atención y ya que tu cuerpo está muy herido… solo levántate y acompáñame de una vez.

Rutanel:
Ella… tiene razón, ¿qué es lo que me pasó ahora? Sentí un impulso que solo me hizo querer arremeter contra ella… solo así. Desde un principio no tenía ningún chance de salir victoriosa.

-E…está bien… iré contigo… solo déjame… levantarme…

Apenas si podía ponerme en pie cuando, desde la puerta de mi casa, mis padres me miraron con horror.

Señora Bloodcer:
-¡Rutanel! ¡Qué le ha hecho a mi hija!

Zafenis:
-¿Yo? Solo moví mi espada un poco, ni siquiera tuve que moverme un solo centímetro. Su hija es tan tonta, con su cuerpo ya desgastado y cree que me ganaría a mí, a la gran Albina Sangrienta. ¡Muchachos, ya pueden salir!

Rutanel:
Un montón de voces salieron detrás de los árboles y en cuestión de segundos, toda la legión de soldados de Zafenis rodeó mi casa.

Soldados:
-¡General!

Zafenis:
-Aten de las manos a Rutanel y ayúdenla a levantarse, ella sola puede caminar hasta el barco. Hoy yo invito las cervezas amigos míos.

Rutanel:
Aquel júbilo de alegría por parte de Zafenis y sus hombres y mujeres me pareció repulsivo. Dos de ellos me sujetaron de las muñecas con una soga bastante gruesa. Me levantaron y comenzaron a llevarme entre sus hombros. Caminar era muy difícil con el dolor en mis piernas.

Soldado ¿?:
-¿Y qué hacemos con el par de canguros en la casa mí general?

Zafenis:
-No los toquen, no lo valen. Además creo que se sentirán felices de saber que su hija solo le hará una visita a Kronetiku nada más. ¿Escucharon eso señor y señora? Su hija volverá pronto… al menos eso creo.

Rutanel:
Miré a mis padres por última vez antes de marcharme. Casi suelto una lágrima al ver sus rostros… jamás olvidaré esas miradas de miedo…

Zafenis lideraba a todas estas personas de diferentes especies; desde zorros y lobos hasta conejos y osos. Algunos con muchas cicatrices como para contarlas. Los dos gatos que me llevaban no tenían el mejor aspecto del mundo y honestamente, no quisiera pensar en ello.
Atravesamos el bosque en plena oscuridad y, debido a mis grandes patas, me tropezaba con el terreno. Zafenis solo se burlaba con cada simple paso en falso que daba. Entre más y más tiempo paso con ella más le odio. ¿Cómo es posible que una canguro se haya convertido en una asesina tan siniestra pero de aspecto puro?

Me estaba cansando hasta que el ruido de las olas llamó mi atención. Un barco algo lejos de la orilla de la playa a la que llegamos nos aguardaba.

Zafenis:
-Todos a los botes y no quiero quejas por falta de espacio. ¿Fui bastante clara con eso?

Soldados:
-¡Si general!

Zafenis:
-Y antes de que preguntes, si Canistel, lo digo por ti.

Rutanel:
Un oso que parecía una almohada gigante refunfuñó mientras los demás se burlaban de él.
Luego de subir a un bote y llegar al barco, noté un montón de arqueros, apuntándome desde todos los lados posibles.

Zafenis:
-Es por protección, no queremos sorpresas. Solo sígueme.

Rutanel:
Ella me guío por la cubierta hacia un camarote privado. En el camino pude ver a los bandidos que nos atacaron a mí y a Tarnili por la tarde. El zorro al que le rompí la pierna solo me miraba sentado en una silla y con la pierna vendada.

¿?:
-Espero que lo disfrutes fenómeno.

Rutanel:
-Lo tienes muy merecido.
Al entrar, pude notar que de verdad era un camarote pequeño. Literal no podía medir más que 6 o 7 metros cuadrados de espacio. Solo una mesita de trabajo con varios papeles y una litera, nada más.

Zafenis:
-Será mejor que duermas de una vez, el viaje será largo así que necesitaras tu energía para mañana.

Rutanel:
-Sabes, es difícil con las manos atadas…

Zafenis:
-Pon las manos al frente y no te muevas.

Rutanel:
-Está bien, aunque no se para que…
Y tan rápido como lo vi, su espada corto la soga pasando entre mis manos.

Zafenis:
-Ahora sube a tu cama, yo duermo abajo. Solo lleno el reporte para mañana y todo estará listo.

Rutanel:
Zafenis tomó una pluma, la llenó de tinta y comenzó a escribir. Yo solo mi quite mi camisa y pantalones, los puse por ahí y me subí a mi cama. El movimiento del barco era bastante incómodo.

Zafenis:
-Ya que estamos solas ahora… y que veo que te quitaste la ropa… no se… tal vez…

Rutanel:
-Ni se te ocurra, yo no bateo para ese lado… espera, ¿eres lesbiana?

Zafenis:
-Si lo soy, ¿Y qué? Solo preguntaba por si… ¿sabes qué? Olvídalo, no necesito mezclarme con alguien como tú, solo te entregaré ante Kronetiku y eso será todo.

Rutanel:
Que sorpresa, la gran Albina Sangrienta resultó tener un lado extraño. ¿Pero a quien le gustaría estar con ella? Es una asesina y una despreciable. Solo cerré los ojos esperando que esto no fuera una pesadilla. Y si de verdad esto está pasando, pues que mal por mí.

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