sábado, 24 de septiembre de 2016

El viaje de Rutanel - Parte 7



Rutanel:
Las dos estábamos frente a frente, listas para el entrenamiento. Es bastante claro que Zafenis no se atrevería a lastimarme seriamente, después de todo estoy en una misión oficial de su emperador.

-Adelante, solo terminemos con esto.

Zafenis:
-Como quieras. Ponte a bloquear mis ataques, quiero ver que tan bien lo haces.

Rutanel:
Ella se acercó a mí y me lanzó ataque tras ataque, moviendo su espada que parecía una varita a comparación de la que yo estaba blandiendo. Sus golpes eran rápidos, pero se me hizo muy fácil bloquearlos. Mis brazos se están cansando…

Zafenis:
-Es suficiente. Bloquear es demasiado sencillo para ti, así que pasemos a esquivar.
Te lanzaré varios tajos y tienes que moverte, si es que tu pesado cuerpo puede lograrlo.

Rutanel:
-Por supuesto que puedo hacerlo, solo mírame.
Ella dio rienda suelta a más cortes para que los pudiera flanquear. Su mirada era de mucha determinación, justo igual a como lo imaginaba al oír su nombre.
Pude dar saltos hacia los lados, pero ella solo incrementaba la velocidad. Uno de esos logró darme, cortándome algo el brazo. No me importó del todo, solo me limpie la sangre y continué por unos minutos.

Zafenis:
-Eso será suficiente por ahora. Mmm… hay algo en ti que me intriga… Veamos ahora con un combato directo. Solas tú y yo, ¿qué te parece?

Rutanel:
-Eso me suena a que tenías tiempo de intentarlo. ¿Acaso quieres que sea una batalla en serio?

Zafenis:
-Tal vez… pero no puedo… no ahora…

Rutanel:
Zafenis estaba mirando hacia una ventana y ahí estaba Kronetiku, observándonos muy atentamente. Solo esbozó una sonrisa al verme sostener esta gran espada, mientras que Zafenis comenzó a sudar y envainó su espada.
Creo que no se va a arriesgar a quedar en ridículo frente a él.

Zafenis:
-Creo… que mejor lo dejamos para luego, tengo que irme. Pero sí quiero esa batalla un día de estos, ¿Me escuchaste?

Rutanel:
-Como quieras… ppff… jajajajaja.
No pude resistir a reírme ahí mismo, era tan perfecto que ella se estuviera muriendo de miedo solo por querer lastimarme.
Zafenis se dio media vuelta al escucharme y me saco el dedo medio, largándose muy
molesta.
Hasta Kronefi estaba partiéndose de la risa, lanzando unos constantes “kekekeke” típicos de los murciélagos.

Al menos lo poco que puedo agradecerle es algunas técnicas de espada, pero veo que me las tendré que arreglar yo sola a partir de aquí.
Revisé de nuevo hacia la ventana y Kronetiku no estaba ahí de nuevo. Tal vez vio suficiente por hoy o algo parecido.

Kronefi:
-Jamás había visto algo así en mi vida. Rutanel, creo que es hora de irnos.

Rutanel:
-Estoy de acuerdo, vayamos primero a mi casa. Mis padres deben de saber esto y más mis amigos en el pueblo.

Los dos nos encaminamos en el barco de regreso a casa. Kronefi es el murciélago más amistoso del mundo y me contó cientos de cosas acerca de su vida. Pero las partes más interesantes fueron con su madre. Una mujer caritativa que se preocupaba por los demás.
De nuevo me hace pensar en el porqué del cambio de Kronetiku hacia todo el mundo.
Cuando llegamos a la costa lo primero en lo que pensé es… que estaba viva. Ahora más que nunca tenía ganas por explorar el mundo y descubrir en verdad quien era yo.
Estoy muy segura que varias cosas cambiarán en mi vida.
Llegamos de madrugada, los párpados me pesaban y mis alas estaban todas estiradas, listas para lo que seguía. No pude dormir, no con tantas cosas en mi cabeza. En especial con lo que ocurrió entre Zafenis y yo, eso nadie jamás me lo quitara nunca.
Kronefi me acompañó por el mismo camino que Zafenis me había obligado a seguir aquella otra noche. Llegamos a mi casa y toqué la puerta un par de veces.

Señora Bloodcer:
-Rutanel… ¡Rutanel, eres tú! Querido, ¡ella de verdad regresó!

Señor Bloodcer:
-Rutanel…. me da tanta alegría que estés a salvo con nosotros…

Rutanel:
Papá y mamá comenzaron a llorar mientras los abrazaba, me sentía feliz de haber vuelto a donde pertenezco.
Kronefi y yo les explicamos la situación con todo detalle. Los vi muy preocupados, en especial ahora que yo acababa de regresar. Pero lo que finalmente acabó de convencerlos es que al viajar a la isla de la niebla, la misma donde los dragones habitan, tal vez allí pueda saber todo sobre mí.

Me dormí una vez más en mi reconfortante cama. No quería saber nada más hasta que amaneciera de una buena vez y despertara con la luz del sol dándome en el rostro.
Kronefi durmió en el barco, me sentí mal de que tuviera que regresar todo el camino hasta allá, pero él me dijo que así se sentiría más cómodo.

A la mañana siguiente, desperté con la mayor cantidad de energía que jamás haya sentido. Tomé mi desayuno junto a mis padres y me despedí de ellos, yendo hacia el pueblo.
Por el camino Kronefi se me unió, deseoso de ver mi pueblo.

Kronefi:
-Es un lugar muy pacífico en el que viven, ¿Por qué están apartados de la ciudad?

Rutanel:
-Mis padres querían estar tranquilos más que nada, aunque así pude pasar más tiempo con mi mejor amiga.

Kronefi:
-Oh y ¿de quien se trata si se puede saber?

Rutanel:
En ese momento me di cuenta que ya estábamos en el pueblo, en las afueras más bien.
Tarnili, estaba comprando unas cosas como de costumbre. Al menos hasta que me vio de frente.

Tarnili:
-¡Aaaahhh! ¡Rutanel, eres tú! ¡Ven aquí gran pedazo de compañera!

Rutanel:
-Oye, no tienes por qué abrazarme tan fuerte. Yo también te extrañe pequeña ardilla.

Tarnili:
-Y… ¿quién es este chico que te acompaña? Me resulta familiar…

Kronefi:
-Saludos señorita, mi nombre es…

Rutanel:
Pero antes de que pudiera siquiera presentarse, el resto del pueblo ya estaba sobre nosotros… o más bien sobre mí. Estaban felices por verme en una pieza.
Pues ni modo, pasé toda la tarde hablando con la mayoría de las personas del pueblo, incluso llegando a contarles la vergüenza que le hice pasar a Zafenis. Se rieron muchísimo, creo que les di algo de confianza en contra de los malos ratos que ella les hizo pasar.
Finalmente estaba libre y Tarnili pudo seguir con la plática mientras estábamos sentados en el pasto a las afueras del pueblo.

Tarnili:
-Ahora sí, ¿cómo te llamas?

Kronefi:
-Mi nombre es Kronefi, soy hijo de Kronetiku y es un placer cono…

Tarnili:
-¿¡Que tú eres qué!? Rápido Rutanel, yo lo sostengo y tú lo golpeas.

Rutanel:
-Tarnili, cálmate. Él no es nuestro enemigo, es un amigo. Aunque sea el hijo de la persona más despreciable del mundo no significa que también lo sea.

Tarnili:
-Está bien… lo siento por… ahorcarte.

Kronefi:
-*cof cof* No te preocupes… no es la primera vez que mi reputación familiar me causa problemas. Al menos aquí puedo respirar tranquilo de que no me esté dando órdenes.

Tarnili:
-Así que… me estás diciendo que te irás de nuevo, ¿no es así, verdad?

Rutanel:
-Escuchaste bien Tarnili, pero es por eso que regresé. ¿Quieres acompañarme en esta aventura, tal y como hacíamos de pequeñas usando nuestra imaginación?

Tarnili:
-Rutanel, te seguiré de aquí hasta donde tú quieras. Para eso estamos las amigas ¿no es así?

Rutanel:
-Así me gusta. Kronefi, es hora de seguir adelante. ¿Dónde sugieres que vayamos primero?

Kronefi:
-Si quieres a más personas para que te ayuden, lo mejor es ir a Miriatus. En esta ciudad están los estudiosos del mundo y la biblioteca más grande del mundo. Tal vez alguno de ellos te pueda echar una mano con los peligros de la isla.

Rutanel:
-Perfecto, iremos allí en cuanto podamos, pero antes… Tarnili, ¿Crees que puedas sacarle brillo a esta espada? La necesitaré bien filosa.

Tarnili:
-¡Déjaselo a la mejor herrera del mundo!

Rutanel:
-Del mundo de nuestro pueblo más bien.

Tarnili:
-¡Ahora sí! ¡Ven aquí tu canguro de 2 metros de alto!

Rutanel:
Esto se puso interesante. Ciudad de Miriatus, ¡allá vamos!

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